Una multitud de argentinos salió a las calles para sumarse espontáneamente a una rebelión popular nacida del hartazgo. Pero la brutal represión policial dejó como saldo 7 personas muertas. Una de ellas: Gastón Riva, un joven cuyo único escudo eran sus ideales y su herramienta de trabajo: una moto.Programa de radio producido por Narrativa Radial, centro de formación, estímulo y creación del relato en radio. www.narrativaradial.com.ar
sábado, 6 de diciembre de 2008
Gastón Riva Presente
Una multitud de argentinos salió a las calles para sumarse espontáneamente a una rebelión popular nacida del hartazgo. Pero la brutal represión policial dejó como saldo 7 personas muertas. Una de ellas: Gastón Riva, un joven cuyo único escudo eran sus ideales y su herramienta de trabajo: una moto.La Radio y el humor
Tres humoristas: Alejandro Sanz (integrante del Trío Laurel y humorista en Radio Continental), Diego Recalde (actor y guionista de El Show de la Noticia, el programa conducido por Roberto Petinatto en las mañanas de la FM 100) y Pedro Saborido (ex humorista de radio y actual co-equiper de Diego Capusotto) nos ayudan a reflexionar sobre la actualidad del humor radiofónico.(leer nota completa)
Pedro Saborido (ex integrante del dúo Saborido-Quiroga, actual productor de Diego Capusotto)
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(Saborido y Quiroga, Radio Mitre, década del 90)
Diego Recalde (guionista y actor. Integrante del equipo de El Show de la Noticia, conducido por Roberto Petinatto en FM 100)
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(Fragmento de “El Show de la Noticia”)
Alejandro Sanz (integrante del Trío Laurel. Humorista en Radio Continental)
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(Personaje de Alejandro Sanz – Radio Continental)
Niní Marshall
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(Personaje de Doña Pola, por Nini Marshall)
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lunes, 3 de noviembre de 2008
25 Años
MANTENER VIVA LA PERCEPCION PERMITE COMUNICAR DE VERDAD POR RADIO

Cambió la ciudad por las sierras cordobesas. Y el periodismo por una hostería como fuente de trabajo y sostén económico familiar. Pero la radio nunca se fue de su vida. Desde su estudio en San Marcos Sierras transmite su programa por Internet, que es reproducido por más de treinta emisoras. Los domingos, lejos de la estructuras de los medios masivos, hace radio. Libre, fresca, agradable, crítica, amigable, graciosa… esa es la radio que sabe a Pesoa.
¿Podes vivir sin la radio?
Claro que puedo vivir sin la radio. Pero no es en la radio donde termina mi horizonte. Me gustan muchas otras cosas de esta corta vida. La carpintería, la construcción en general, la talabartería, jugar a hacer música en mi estudio; en el pasado hice el curso de piloto y me entusiasmé con el vuelo, me atrae el tiro con arco, hacer vino una vez al año… El gran tema es que todas estas cosas sirven para mantener viva la percepción, que es lo que te permite comunicar de verdad por radio.
¿Cuán diferente es hacer y escuchar radio desde San Marcos Sierras?
No puedo hablar de las diferencias de hacer y escuchar radio. Nunca fui un verdadero oyente de radio. Lo que sí puedo decirte es que en esta provincia donde vivo desde hace cinco años, la radio atrasa mucho. Hacen lo mismo que yo hacía en Rosario en la década del setenta, es decir, a los gritos, sin ninguna pausa y sin la menor idea del significado de la palabra contenido.
Una radio con contenido, con pausa, como la que haces vos es, de algún modo, ¿una radio antisistema?
No sé si calificarla como antisistema. Vivimos en él. Comemos de él. Negarlo y manotear algún vuelto por debajo de la mesa, atrasa la posibilidad de reconstruirnos. Aceptar el sistema tal cual es, me parece que es morir. No tengo recetas. Sólo atino a tratar de modificar el entorno que me toca.
¿Cuánto modifica ese contexto en el contenido de tu programa?
Creo que la geografía, el entorno social, el clima, todo contribuye a conformar un nuevo individuo. Siempre aborrecí la frase “no cambies nunca”... Me gusta ser distinto, me hace sentir vivo. Claro que hay guiños y estilos que son propios y uno lleva donde quiera que vaya.
¿Las “historias” que contás son diferentes a lo que podrías contar en Rosario o Buenos Aires?
A las historias también se les van sumando nuevas historias que enriquecen el relato.
¿Hay avidez de los vecinos por estas historias?
No sé si llamar avidez a lo que sienten los vecinos. A ver, creo que el ochenta por ciento de este pueblo me aborrece. Sólo por opinar sobre cuestiones, cualquiera sean. Aquí la opinión es mal vista. Hay mucho temor, nadie dice nada que lo pueda comprometer, hay mucho clientelismo, viejas prácticas feudales, una pata de la Iglesia puesta desde hace cuatrocientos años sobre la cabeza de la gente... Es como haber asistido a la desaparición del albedrío. Nadie le dice nada a nadie. Así que imaginate mi estilo de trabajo en medio de esta sociedad temerosa. Mucho más ahora que el programa se escucha por Radio Nacional en toda la provincia y encima, hay más de treinta emisoras en distintos puntos del país que repiten, en directo o en diferido, el programa de los domingos. Esto les produce, seguramente, cierta sensación de agorafobia al saberse con semejante exposición.
¿Qué puede hacer una radio, un programa o un comunicador por la reaparición del albedrío?
Y esa intención, es, creo, la que contribuye a plantear simples dudas entre los oyentes.
Con esa duda razonable me conformo. Con que no nos acostumbremos tanto a las cosas. La recuperación del albedrío pasa por la percepción, la intuición, el pibe ese que llevábamos adentro y que ahogamos con el paso del tiempo, pasa por no tragarnos todos los sapos, por recuperar el espíritu crítico y con todo ello, lograr ser un poco más felices, plenos, mejores.
¿Necesitabas libertad para hacer lo que quisieras hacer?
No, no necesitaba esa libertad. Siempre la tuve. Creo que no permití que me la quitasen.
Vinimos aquí por varias razones. Mejor calidad de vida. Un notable embudamiento de los medios hacia un pensamiento único. La certeza de la disminución de posibilidades de trabajo en libertad. etc.
Pasaron 5 años... ¿Cómo ves hoy a los medios -y a la radio en particular- en relación a ese pensamiento único? ¿Se agudiza o aparecen alternativas?
Las dos cosas. Se agudiza porque nadie saca los pies del plato y esto evita la formación de nuevos modelos. A los multimedios ya ni les hace falta censurar. Con la autocensura existente más el temor a perder la fuente de trabajo, listo. Es necesario reconocer nuestro evidente retroceso en materia de libertades, no ya sólo en las comunicaciones, también en la disminución constante de las posibilidades de elección que tenemos. ¿En qué consiste la libertad sin la capacidad de elegir? Treinta mil desaparecidos soñaron con un mundo diferente. Los que no desaparecimos, acompañamos ese deseo. Pues bien, llegó el momento de reconocer la derrota. Solo así podremos comenzar la reconstrucción. La guerra la perdimos. Nos quedan algunas batallas cotidianas por librar. Allí es donde aparece la radio, Internet, las redes abiertas, las grietas del sistema (Fidel dixit). Yo, personalmente, estoy trabajando sobre esas grietas. Formando redes gratuitas y libres para poder comunicar lo que quiero y debo comunicar. Es cierto, vivo de otra cosa, tengo una hostería en San Marcos Sierras. Pero esto no disminuye el valor de haber encontrado un espacio que crece desde el pie.
¿Podes vivir sin la radio?
Claro que puedo vivir sin la radio. Pero no es en la radio donde termina mi horizonte. Me gustan muchas otras cosas de esta corta vida. La carpintería, la construcción en general, la talabartería, jugar a hacer música en mi estudio; en el pasado hice el curso de piloto y me entusiasmé con el vuelo, me atrae el tiro con arco, hacer vino una vez al año… El gran tema es que todas estas cosas sirven para mantener viva la percepción, que es lo que te permite comunicar de verdad por radio.
¿Cuán diferente es hacer y escuchar radio desde San Marcos Sierras?
No puedo hablar de las diferencias de hacer y escuchar radio. Nunca fui un verdadero oyente de radio. Lo que sí puedo decirte es que en esta provincia donde vivo desde hace cinco años, la radio atrasa mucho. Hacen lo mismo que yo hacía en Rosario en la década del setenta, es decir, a los gritos, sin ninguna pausa y sin la menor idea del significado de la palabra contenido.
Una radio con contenido, con pausa, como la que haces vos es, de algún modo, ¿una radio antisistema?
No sé si calificarla como antisistema. Vivimos en él. Comemos de él. Negarlo y manotear algún vuelto por debajo de la mesa, atrasa la posibilidad de reconstruirnos. Aceptar el sistema tal cual es, me parece que es morir. No tengo recetas. Sólo atino a tratar de modificar el entorno que me toca.
¿Cuánto modifica ese contexto en el contenido de tu programa?
Creo que la geografía, el entorno social, el clima, todo contribuye a conformar un nuevo individuo. Siempre aborrecí la frase “no cambies nunca”... Me gusta ser distinto, me hace sentir vivo. Claro que hay guiños y estilos que son propios y uno lleva donde quiera que vaya.
¿Las “historias” que contás son diferentes a lo que podrías contar en Rosario o Buenos Aires?
A las historias también se les van sumando nuevas historias que enriquecen el relato.
¿Hay avidez de los vecinos por estas historias?
No sé si llamar avidez a lo que sienten los vecinos. A ver, creo que el ochenta por ciento de este pueblo me aborrece. Sólo por opinar sobre cuestiones, cualquiera sean. Aquí la opinión es mal vista. Hay mucho temor, nadie dice nada que lo pueda comprometer, hay mucho clientelismo, viejas prácticas feudales, una pata de la Iglesia puesta desde hace cuatrocientos años sobre la cabeza de la gente... Es como haber asistido a la desaparición del albedrío. Nadie le dice nada a nadie. Así que imaginate mi estilo de trabajo en medio de esta sociedad temerosa. Mucho más ahora que el programa se escucha por Radio Nacional en toda la provincia y encima, hay más de treinta emisoras en distintos puntos del país que repiten, en directo o en diferido, el programa de los domingos. Esto les produce, seguramente, cierta sensación de agorafobia al saberse con semejante exposición.
¿Qué puede hacer una radio, un programa o un comunicador por la reaparición del albedrío?
Y esa intención, es, creo, la que contribuye a plantear simples dudas entre los oyentes.
Con esa duda razonable me conformo. Con que no nos acostumbremos tanto a las cosas. La recuperación del albedrío pasa por la percepción, la intuición, el pibe ese que llevábamos adentro y que ahogamos con el paso del tiempo, pasa por no tragarnos todos los sapos, por recuperar el espíritu crítico y con todo ello, lograr ser un poco más felices, plenos, mejores.
¿Necesitabas libertad para hacer lo que quisieras hacer?
No, no necesitaba esa libertad. Siempre la tuve. Creo que no permití que me la quitasen.
Vinimos aquí por varias razones. Mejor calidad de vida. Un notable embudamiento de los medios hacia un pensamiento único. La certeza de la disminución de posibilidades de trabajo en libertad. etc.
Pasaron 5 años... ¿Cómo ves hoy a los medios -y a la radio en particular- en relación a ese pensamiento único? ¿Se agudiza o aparecen alternativas?
Las dos cosas. Se agudiza porque nadie saca los pies del plato y esto evita la formación de nuevos modelos. A los multimedios ya ni les hace falta censurar. Con la autocensura existente más el temor a perder la fuente de trabajo, listo. Es necesario reconocer nuestro evidente retroceso en materia de libertades, no ya sólo en las comunicaciones, también en la disminución constante de las posibilidades de elección que tenemos. ¿En qué consiste la libertad sin la capacidad de elegir? Treinta mil desaparecidos soñaron con un mundo diferente. Los que no desaparecimos, acompañamos ese deseo. Pues bien, llegó el momento de reconocer la derrota. Solo así podremos comenzar la reconstrucción. La guerra la perdimos. Nos quedan algunas batallas cotidianas por librar. Allí es donde aparece la radio, Internet, las redes abiertas, las grietas del sistema (Fidel dixit). Yo, personalmente, estoy trabajando sobre esas grietas. Formando redes gratuitas y libres para poder comunicar lo que quiero y debo comunicar. Es cierto, vivo de otra cosa, tengo una hostería en San Marcos Sierras. Pero esto no disminuye el valor de haber encontrado un espacio que crece desde el pie.
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martes, 14 de octubre de 2008
Argentina al diván
El psicólogo Jorge Alzaga (Juan Palomino) analiza a su paciente, Argentina. Este fragmento, extraído del ciclo “Argentina al diván”, aborda desde una sesión de psicoanálisis (y con la participación de Felipe Pigna) el problema de la originaria estafa que sufrió Argentina por parte de una “madre” apropiadora que creó un dolor que aún no termina de sanar.
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viernes, 10 de octubre de 2008
¿Vuelve el Radioteatro?
“El género está en terapia intermedia pero no está muerto”, dice Víctor Agú –autor de más de 70 títulos, algunos en colaboración con Alberto Migré-.Las evidencias están a la vista: “Las Dos Carátulas” -en Radio Nacional- con más de 50 años ininterrumpidos en el aire- entre otros radioteatros que subsisten en emisoras de menor alcance; también a través de distintas representaciones teatrales (con efectos de sonido en vivo) y de nuevas experiencias como es el caso de Cyberia –un espacio recién estrenado en la AM 530 La Voz de las Madres- por citar sólo algunos de los casos.
De todos modos, no se sabe a ciencia cierta si estamos frente a un resurgimiento del formato en el aire de las emisoras o de un síntoma que se expresa a través de movimientos independientes que creen en la potencia narrativa de la radio. “Hay un gran movimiento, como un resurgir que hace unos años no existía, pero el espacio en las radios importantes no está”, dice Agú con cierto conocimiento de causa: él, junto a nada menos que Migré, recorrió durante cinco años emisoras importantes hasta conseguir un espacio y algún anunciante –finalmente salieron al aire una “Permiso para imaginar” en Radio Ciudad primero y más tarde en Radio Belgrano-. “Nadie entendía bien de qué se trataba la propuesta. Creen que no es negocio entonces no le dan espacio”.Muchos reconocen los méritos de una buena obra de ficción radioteatralizada, pero los directivos y los sponsors dudan de su llegada al gran público. Es cierto que los códigos de escucha cambiaron, el mismo Agú afirma: “Creo que no hay paciencia para escuchar una hora y media de radioteatro” y Oscar Bosetti –docente e investigador de la radio en Argentina- agrega: “Hoy, esas huellas continúan obstinadamente estando en ciertas publicidades, en algunos fragmentos de programas radiales, o en los pocos espacios que aún perduran dedicados exclusivamente al formato. Quiero decir: hoy el Radioteatro asume nuevas formas y nuevos usos, se inscribe en otro campo de contenidos y referencias, cruza el humor y la parodia sutil, intersecta los impiadosos acontecimientos periodísticos de cada día.”
Sobre su definición y re-definición. ¿Podemos llamar a todo eso Radioteatro? ¿Lleva acaso esta palabra una dosis de purismo que atenta contra su propio aggiornamiento y evolución?De la misma manera que los tangueros acérrimos expulsaban la aparición de la música de Piazzola del “tango”, es ineludible que los nuevos aires (aunque aún no soplen muy fuerte) pretendan reciclar –con sus nuevos lenguajes, verosímiles y códigos de escucha- la noción del viejo radioteatro. ¿Acaso en la génesis de la palabra radioteatro no hay ya un cruce, un intercambio de influencias entre dos lenguajes? Probablemente hoy, la maestría en relatos de ficción se la lleve el cine.
El cine evoluciona más que cualquier otra representación ficcional, y esa influencia se extiende a los otros medios. La televisión, por ejemplo, ha adquirido ciertos recursos narrativos y estéticos del cine. Es justificable entonces que las generaciones a las que nos toca escuchar o hacer historias en radio, nos veamos influenciadas por otros lenguajes y que, incluso, a lo que hoy todavía llamamos radioteatro, lo podamos llamar radiocine, si se quiere.
En última instancia, estamos hablando de ficción en radio, o mejor dicho, de la radio al servicio de la creación de relatos. Y como a toda creación, si la encasillamos con estéticas impuestas, nombres impropios o personerías impersonales, le quitamos su valor testimonial: el dar cuenta de una época. Sobre su valor. El radioteatro –tal como nos lo han enseñado los grandes maestros como Migré- tiene un gran valor testimonial. Y lo más interesante es que se pueda seguir dando testimonio a través de la ficción en la radio. Que los mercaderes de la comunicación no vean, o no quieran ver el negocio es preocupante –y es motivo de una nueva investigación- ya que, como recalca Víctor Agú, en la radio: “hay libertad para contar cualquier historia, porque no se necesita dinero para producción. Se puede situar la historia en Paris durante la revolución Francesa, en Broadway o donde se te ocurra.
Para hacer eso en TV o en cine necesitás una mega producción”.Pues entonces si la radio es capaz de todo esto, también lo será para crear radioteatros tanto para los nostálgicos que se siguen sentando alrededor de ella, como para los jóvenes que se clavan los auriculares en el tren o en el colectivo. Será capaz (y ese es su mayor potencial) de encontrar con el radioteatro, como dice Bosetti: “las particulares formas de seguir estando”
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