Mostrando entradas con la etiqueta nota de interes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nota de interes. Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de marzo de 2011

Radioperformance itinerante: PERMISO PARA IMAGINAR



Las españolas Ángeles Oliva y Toña Medina visitaron la Argentina con “Caben todos los ruidos”, un espectáculo de radio “para ver” que rescata la esencia del radioteatro y vuelve a las fuentes de la creación sonora.

Por Mariano E. Pagnucco

Como mujeres de radio que son, las españolas Ángeles Oliva y Toña Medina decidieron festejar la emisión Nº 100 de su programa Cápsula. ¿La propuesta? Un programa de puertas abiertas para que los oyentes se acercaran al estudio y fueran partícipes en vivo del misterio radiofónico. Las organizadoras tenían cargados todos los audios necesarios en las computadoras y hasta les pidieron a los asistentes que se taparan los ojos con una venda para conservar la atmósfera sonora… pero las cosas no salieron de la manera esperada: “Minutos antes de comenzar –rememora Toña–, se estropearon las computadoras. Tuvimos que improvisar mucho sobre la marcha y la mayoría de los efectos que teníamos grabados, los tuvimos que hacer en vivo. Entonces le pedíamos a algún conocido que en cierto momento lanzara un beso, o que alguien gritara desde el fondo de la sala. Improvisamos los sonidos con lo que teníamos a mano, y el resultado es que nos encantó. A partir de ahí decidimos investigar, profundizar esa idea”. Esa idea, profundizada, dio lugar a la radioperformance “Caben todos los ruidos” que durante marzo ambas estuvieron presentando en la Argentina, invitadas por el Centro Cultural de España en Buenos Aires (CCEBA).

Sobre un escenario con dos mesas cargadas de objetos (desde un reloj a cuerda hasta una muñeca, pasando por una botella de cerveza y un racimo de globos inflados), múltiples micrófonos dispuestos para captar “todos los ruidos” y una ambientación lumínica intimista, las españolas ofrecen un espectáculo sobre los miedos que invita a asomarse a los secretos de la radio, pero también a cerrar los ojos y hacer de cuenta que los sonidos flotan en el éter. Distintas historias, narradas en vivo o con la ayuda de pistas sonoras, se enriquecen con el trabajo en vivo de Ángeles y Toña: las chicas se ponen los zapatos de taco y caminan sobre una tabla de madera, encienden unos grabadores de mano para introducir un relato dentro de otro o sencillamente dejan caer el líquido de la botella a fin de transportar al público a un día lluvioso.

Luego de la presentación, Toña reflexiona sobre la puesta en escena: “Si bien no prescindimos de las computadoras, hemos vuelto a los casetes, a hacer montajes con casetes, a concentrarnos en las texturas de los sonidos muy cotidianos, como un reloj de cocina o los pasos sobre una tabla”.

¿Qué lugar tiene la experimentación sonora casi artesanal en los tiempos del podcast y las tecnologías digitales?

Ángeles: El del disfrute. En cuanto al panorama artístico o creativo de España, es rara una propuesta de éstas, lo mismo que sucede en Argentina, según nos contaron. Lo de radioperformance surgió porque nos pedían ponerle un nombre. Nosotras intentamos recuperar la calidez y la intimidad que genera la radio, a pesar de que estemos sobre un escenario. Creemos que es tan potente el poder evocador del sonido, que aunque sea la era de la imagen y de las pantallas multiplicadas por todas partes, nosotras defendemos cerrar los ojos y que cada uno cree las imágenes en su cabeza. Aunque haya una imagen, porque nosotras estamos sobre el escenario, intentamos que tenga sentido también con los ojos cerrados. La primera vez que lo hicimos en Madrid, sucedió algo muy bonito. Cuando terminó el espectáculo, un amigo se me acercó y me dijo “En un momento te subiste a una tabla y yo no entendía qué hacías, pero cerré los ojos y me di cuenta que estabas caminando”. Eso me encantó, porque a pesar de la fuerza de la imagen, el sonido es tan evocador que puedes abstraerte de lo que ves. A la vez, es nuestro homenaje a los llamados ambientadores sonoros, los que creaban y siguen creando los sonidos para el cine o las películas de animación, haciendo voces y sonidos con objetos iguales a los que nosotras usamos acá. Ellos están siempre en las sombras, no se los ve. A eso le agregamos una estética contemporánea, con nuestro lenguaje, nuestro discurso.

Toña: Es un homenaje a las fuentes de sonido. Hoy en día se puede tener un montón de galerías de sonidos en una computadora y al apretar una tecla, se oyen. Pero es más cercano, más cálido y más íntimo que yo agarre algo y con eso genere un ruido.

“Caben todos los ruidos” se presentó en Buenos Aires y en Córdoba, como cierre de un taller que brindaron sus creadoras en ambas provincias argentinas. En tanto, Ángeles y Toña están al frente del Laboratorio de Radio Experimental del centro cultural La Casa Encendida, en Madrid. Desde su experiencia como guionistas y presentadoras, las chicas juegan con los sonidos, reinventan las posibilidades de la radio y viajan por España (y el mundo) contagiando a los oyentes ávidos de nuevos estímulos para el oído, y para la cabeza.

Más información:

http://lasonidera.blogspot.com/

http://www.lacasaencendida.es/es/radio_podcast

Entrevista a Marcello Lorrai, director de la cooperativa Radio Popolari de Milán

“UN TIPO SE LEVANTÓ Y DIJO: QUIERO HACER UNA RADIO DE IZQUIERDA PORQUE SOY DE IZQUIERDA...”

La experiencia de Radio Popolare de Milán abre el camino para otras similares en Argentina que, a partir de la aplicación de la nueva ley de medios, se planteen incursionar en la comunicación radiofónica. Del aporte de varias agrupaciones de izquierda a ser financiados por los oyentes.

Por Horacio Cecchi

–¿Cómo es la experiencia italiana de las radios comunitarias?
–Muy diferente al resto del mundo. Empieza en el ’75, cuando se acaba el monopolio del Estado en la radio y la televisión. En Italia, como en toda Europa, al contrario que aquí y que en Estados Unidos, existía solo la radio pública. El caso italiano fue el desarrollo de la vanguardia de la radio privada. Pero pasó muy a la italiana, en el sentido en que no se armó un cambio. Se esperó a que se acabe este monopolio y, cuando pasó, en ese momento no se hizo nada. Entonces cualquier persona podía hacer su radio, eso era perfectamente legal.

–¿Pero no estaban limitadas las ondas? ¿Cómo se distribuían?
–Ah, podías ocupar lo que quisieras. Lo importante era que no ocuparas lo que habían ocupado otros, o los espacios de la radio pública. Esto es el background de lo que pasó después con la televisión privada, el desarrollo de la televisión de Berlusconi en el sentido de que en este espacio dentro de la ley el sector de la radio y de la televisión fueron de-sarrollándose con la única ley de la jungla. Era totalmente legal.

¿Y cómo respondió la sociedad al abrirse de un día para el otro la posibilidad?
–Nacieron algo así como cinco mil radios en un año. Verdaderamente había gente que se había hecho la radio en su casa, al lado de la cama, sobre el balcón, fue una apropiación, esto es interesante porque la cara de este fenómeno es la ley de la jungla, un desarrollo desordenado del sector. Después, a muchas radios se las comieron las emisoras comerciales, muchas se transformaron rápidamente en experiencias comerciales. Pero la otra cara es que en Italia pasó lo que no pasó en ninguna otra parte de Europa: la apropiación masiva de la radio, la pasión de hacer radio, fueron miles y miles de personas que hicieron radio en cada pequeño pueblo, en las ciudades, en todas partes.

–¿Cómo es la distribución actual?
–La radio pública con su RAI, alguna network, algunas radios privadas pero nacionales, mucha radio local comercial.

–Pequeños...
–No necesariamente. Local podemos ser nosotros, como Radio Popolare. Transmite sobre la Lombardía, con 10 millones de habitantes, el sentido de local es que no es nacional. Tiene algún límite, se puede transmitir en un cierto número de regiones y sobre una cierta cantidad de habitantes. Existen algunos límites a la dimensión de radio local, pero nuestra dimensión de radio local es un poco mayor que la región Lombardía, la región de Milán, la región más importante de nivel económico y la más importante de circulación.

–¿Y Radio Popolare surge en el ’76 en ese impulso masivo?
–Claro, cuando se abre para todo el mundo, algunas fuerzas de la izquierda y la extrema izquierda de Milán pensaron en un proyecto de radio. Estas fuerzas son de la izquierda política y sindical. No es que como fuerzas estuvieran de acuerdo políticamente, porque unas estaban a la izquierda del Partido Socialista, había agrupaciones de la extrema izquierda, y los metalúrgicos del sindicato de inspiración católica, la FIM (Federación Italiana de Metalúrgicos), que es la parte del sindicato de Milano más a la izquierda de todo el movimiento sindical italiano. Pero acordaron en el proyecto de Radio Popolare, en el sentido político de una radio de izquierda, pero al mismo tiempo que fuera una radio que pueda gustarle a la gente, que además de lo político tuviera música, algo divertido, noticias, un proyecto de comunicación, no de propaganda. Esto es lo interesante, porque está muy adelantada a su tiempo. En esa época cada agrupación hacía su radio, su diario, su televisión, su proyecto cultural.

–¿Cómo hacían para mantener una línea en temas políticos?
–Había muchos patrones y no estaban de acuerdo entre ellos, eso favoreció la autonomía de la radio. No se tenía un interlocutor, eran muchos interlocutores. No se podía preguntar a diez interlocutores qué digo sobre esto. Esto favoreció la independencia de la radio.

–¿Quién creó el proyecto?
–Un periodista que trabajaba en la RAI y que tenía mucha experiencia, era muy conocido en Milán, Piero Scaramucci. Su idea fue la de una radio muy autónoma, muy independiente. No de bajar una línea sino de dar elementos de reflexión, una actitud política muy clara, una actitud de izquierda, de clase, pero que pudiera hablar de los hechos, de las contradicciones reales, no de resolver las contradicciones con la ideología. Expresar las contradicciones del mundo real en todos los niveles. No era decir el mundo como yo lo deseo. Era el cuento del mundo como es realmente, y que pudiera quizás estar en contradicción con lo que yo tengo como fuerza política.

–Dígame lo que considere importante en aquel momento, que distinga a la Popolare
–Dos cosas, una, que hizo época, el micrófono abierto, la llamada directa de los oyentes. Ya se hacía en la RAI, pero de manera muy controlada sobre temas muy tranquilos. Mucho filtro, se tomaba la llamada, se le preguntaba “usted quién es, qué quiere decir”. Después se ponía al aire. El micrófono abierto de Radio Popolare es totalmente diferente. Se pone un tema, los oyentes llaman, no se hace filtro, no se controla nada. Los oyentes dicen lo que quieren. Los temas son políticamente importantes, polémicos, que molestan. Ahora todo el mundo hace micrófono abierto. Pero todavía no se hace sobre temas como el gobierno de Berlusconi o la política americana en Afganistán. Nosotros decidimos hacerlo sin filtro y sin control. La otra cuestión a la que le dimos importancia desde el principio fue la crónica abierta a conceptos diferentes. En el ’76, cuando en la Popolare teníamos dos meses de existir, los jóvenes de las agrupaciones en crisis de la extrema izquierda, proletariado juvenil, estudiantes, trabajadores, precarizados, organizaron una protesta contra la apertura anual de la Scala de Milán, que se realiza el 7 de diciembre, una gran protesta contra el lujo. Hubo enfrentamientos con la policía, mucha gente fue presa. La radio hizo una crónica en directo de lo que pasaba. Se llamaba desde una cabina telefónica. “La policía está haciendo esto, está haciendo aquello”, y salía en directo. Pero al mismo tiempo, del interior de la Scala, llamaba a Radio Popolare Camilla Cederna, una periodista muy conocida en Italia, que se ocupó mucho de la historia de la explosión en el banco Nazionale de Agricultura de la Piazza Fontana, en 1969: se produjo la caída de los anarquistas de la ventana de la policía y la Cederna se ocupó mucho de esto. Pero ella era una periodista de la moda y entonces desde el interior de la Scala hizo la crónica mundana de lo que estaba pasando, con una actitud polémica pero muy elegante. Eso puede ser un poco la idea de la Popolare, no solo lo político, o político pero divertido, no solo la crónica de lo que estaba pasando fuera, sino lo que había dentro también.

–¿Al inicio cómo era el proyecto, pensaban en el futuro o en la inmediatez del presente?
–En esa época prevalecía la idea de que la sociedad cambiaba, más o menos una idea de la revolución, y Radio Popolare empezó con esa actitud, ingenua. Pero la idea era hacer algo de servicio, no algo por muchos años, sino algo que exista casi como una función de servicio para la gente. Una de las cosas que caracterizan a Radio Popolare es que muchas de las experiencias radiofónicas los domingos cierran, en Navidad cierran. Radio Popolare, desde que empezó, hace radio directa todos los días. Militancia radiofónica.

–¿Y cómo avanzó? ¿Cuál fue la principal dificultad?
–Que los recursos no eran muchos, pero Milán es una ciudad rica, se recibió la ayuda de los oyentes.

–¿Ayuda de los oyentes?
–Después de la primera inversión, se desarrolló muy pronto la actitud de preguntar a los oyentes para ayudar a la radio. La Radio Popolare era una cooperativa masiva, donde cada persona que tomó la tarjeta (tessera, como una membresía) de la radio se hizo socio de la cooperativa. Al principio el financiamiento era algo de parte de las fuerzas que formaron el proyecto, dieron un dinero, y algo de dinero que dieron los oyentes, y un pequeño concierto. Después, se reestructuró como una cooperativa más normal, con trabajadores colaboradores de la radio, representantes de las fuerzas políticas y sindicales, y se volvió en parte una sociedad de responsabilidad limitada. Las fuerzas políticas formaban parte de esta sociedad. Y al final de los años ’80, se produce por parte de alguna de estas fuerzas una tentativa de controlar la radio políticamente, y una parte minoritaria se opuso. La minoría viró a mayoría y tomó el control con el proyecto de hacer algo más importante y buscar dinero sin dependencia de las fuerzas políticas. Se fundó entonces una sociedad por acciones y se vendieron las acciones.

–¿Había un límite para la compra?
–Había un límite, se necesitaba la aprobación del consejo de administración. Pero no se encontraron casos de compras de acciones en masa. Se encontró en cambio una respuesta muy amplia, de oyentes que compraron una o dos acciones. Ahora son 15 mil accionistas. En esa época se hizo la venta con una campaña que alcanzó unos miles, después otros miles. La venta de acciones empezó en el ’89 o ’90.

–¿Cómo quedaron las fuerzas políticas que habían estado interesadas en el golpe de timón?
–La cantidad de acciones que tienen no les permite nada. –La presencia de los 15 mil oyentes accionistas debe producir algún efecto en la actividad de la radio...
–Casi nada. Se empezó haciendo cada año, como marca la ley, una asamblea de accionistas, iban cien, pero cada año fue disminuyendo, ahora van diez. Confían en nosotros. Pero en lo que sí influyó es que permitió dar un salto a una estructura más importante, con más periodistas. Al final de los 80 eran 10, 15 personas, tenían salario bajo, no todos cobraban de manera regular. En ese momento se regularizó y fueron tomados más periodistas. No tenemos trabajadores en negro. La Popolare es muy importante e hizo trabajo de formación muy importante, entonces todo el mundo nos conoce, es un fenómeno bastante extraño.

–¿Cómo es el desarrollo de las comunitarias en Italia?
–Totalmente diferente al resto del mundo. En todo el mundo lo que se hizo fue reclamarse la posibilidad de hacer radio independiente, de hacer radio de inspiración no comercial. En algunos países se luchó mucho por esto. En Italia, uno se levantó un buen día y se encontró con la posibilidad de hacer la radio. Bueno, quiero hacer una radio de izquierda porque soy de izquierda. A Radio Popolare se la considera en todo el mundo como radio comunitaria, pero no nació como radio comunitaria, nació como radio de izquierda, política. Algunas en Italia son verdaderamente comunitarias, como algunas radios religiosas católicas y protestantes, en el Piamonte. La ley italiana reconoce hoy a las radios comunitarias, pero por la ley hoy, la Radio Popolare no es una radio comunitaria porque como nació con la idea de hacer un trabajo de información giornalístico, siendo radio comunitaria no se podía pedir más que un nivel bajo de publicidad. La decisión pragmática de Radio Popolare fue hacer mucho menos publicidad que la radio comercial pero más que la radio comunitaria por la ley italiana.

–¿Qué publicidad tienen? ¿Banca, comercios?
–Todo tipo de publicidad. Al principio era todo el pequeño mundo de la empresa pequeña, de izquierda, la librería, la editora, el restaurante, todo eso. Después empezamos a tener publicidad más normal. Ahora la comercial es más que antes. Autos, por ejemplo.

–¿No les genera dependencia en la información?
–Después de empezar el movimiento de accionarado popular, empezó también, una nueva manera de hacer el financiamiento normal de la radio. La idea del accionarado popular fue la idea de juntar recursos en un momento dado. Fue para dar el salto. Y después, una manera nueva de tomar el dinero, como cuando se paga el teléfono con débito automático. Les preguntamos a los oyentes si querían pagar un abbonamento a través del banco. ¿Qué se le daba al oyente por lo que pagaba?: una respuesta es el sentido de pertenencia. Entonces otros 15 mil oyentes cada año nos dan cien mil euros. Algunos de los 15 mil son los mismos que tienen las acciones, no necesariamente. Casualmente son la misma cantidad. Con la publicidad se toma la mitad de nuestro Budget y con el abbonamento de los oyentes, más o menos lo mismo. Nuestro balance se hace mitad con una cosa, mitad con la otra. Esto es una manera equilibrada de hacer publicidad y también saber qué piensan los oyentes. Pese a la crisis económica, en los últimos dos años la cantidad de los oyentes no bajó, la publicidad sí. Es importante no sólo económicamente, sino que significa que la radio está en la línea que interesa.

–¿Sufren algún tipo de censura por la publicidad comercial o la aplican ustedes mismos?
–No. Me recuerdo que una vez se habló muy mal de una discográfica que hacía publicidad. No recuerdo si se terminó con la publicidad. Un colaborador de la radio había hablado de una manera muy negativa.

–¿No surge la censura, se reúnen para decidir, cómo es el mecanismo, si es que existe?
–No puedo decir que no haya mecanismos de autocensura, no es sólo el tema de la relación con la casa discográfica, tú eres un músico, te digo de venir a la radio, no te puedo golpear si no me gustas.

–Esto sucede en lo cotidiano, me refiero a si se tiene publicidad de una banca, por ejemplo, y no se puede criticar a esa banca.
–No ocurre en Popolare, el tema no es hablar mal del auto sino hacer reflexiones sobre el modelo de desarrollo en el que se apoya la empresa que fabrica el auto.

–¿Qué le interesó más del encuentro de Amarc?
–El desarrollo de la radio en cualquier parte del mundo. Ya conocía el desarrollo en Africa, que me parece increíble. En Mali, unos de los países más pobres del mundo, se desarrolló una radio comunitaria muy grande y un sistema de comunicación muy avanzado. En Asia hasta los ’90 no existía nada. Ahora es increíble. Hay en todos lados.

-¿Por qué cree que ocurre así?
–Porque las radios son útiles. Son más adherentes a la necesidad.

–¿Cuál es el tema más importante que trae al encuentro a la Popolare?
–No tenemos un tema en particular. Es el hecho de ser parte del movimiento, que tiene un sentido. Al principio de la última sesión de la asamblea, se pasó lista a los presentes. Se leía Bolivia, Uruguay, Bangladesh, me emocionó mucho. Es lo que da la idea de que el mundo está cambiando, y que algunos cambios pueden tocarnos.



Fuente: www.pagina12.com.ar

Mitos que matan


Que el buen locutor tiene una voz no humana, que decir la hora es muy importante en radio, que la radio es el medio más ágil y unos 20 mitos en total se reúnen en una serie de micro- programas llamada “Mitos que matan”, escrita por Tito Ballesteros López en Colombia y grabada en distintos países de América Latina. Te invitamos a escucharlos en el blog Radios de América.

Entrar al blog

martes, 28 de diciembre de 2010

DE POR QUÉ LA RADIO PUEDE CAMBIAR EL MUNDO.

Cuando no existía la radio, existía su antecesor: el relato oral. A través de él, se organizaba el medio social. Los relatos pasaban de boca en boca y formaban la identidad de la sociedad. No importaba que las historias fueran verdaderas o inventadas, formaban parte del imaginario social, educaban y formaban.
Con el avance de la tecnología, mucho después, se inventó la radio, o el uso del aire, para transmitir ya no de boca en boca sino a gran escala.
Fenómenos como el de la economía global y la concentración hicieron de la radio un instrumento de control social, el poder dicta y el resto acata. Se ha desvirtuado el poder comunicador, de comunión, a favor de intereses ajenos.
Pero la radio, en su esencia, es ancestral, su mecanismo de transmisión es relativo a la forma en que viajan los sonidos, estos se distribuyen equitativamente a cualquier receptor en cualquier momento de la vida. El relato oral es su razón de ser y la tecnología lo perfecciona.
Hoy como antes, no importa si las historias son verdaderas o inventadas, pero sí nos constituyen como seres humanos y seres sociales y nos dan sentido.
En esta idea nos embarcamos desde que surgió Narrativa Radial a través de la creación y difusión de relatos radiofónicos de calidad artística, de nuestros cursos, talleres y seminarios, de nuestras propuestas de acercar la radio a los niños y adolescentes en las escuelas. En la convicción de que la radio es un medio que llega a todos por igual y que a través de ella, se puede educar, formar, incentivar la imaginación, la reflexión y la sensibilidad. Por eso, en este año que comienza nos atrevemos a expresar y compartir deseos:

1) Que la radio sea una fuente de trabajo digno para los comunicadores de todos los rincones del país.

2) Que la nueva ley de servicios de comunicación audiovisual se haga efectiva en nuevas creaciones y que la radio represente a todos los habitantes en su vasta diversidad. Y podamos sentir la influencia de la nueva normativa a través de nuevas y distintas voces y relatos.
(Ver nota “¿POR QUÉ UNA NUEVA LEY DE MEDIOS PUEDE IMPULSAR UNA RADIO MÁS CREATIVA?”)

3) Que la noticia ceda algo de lugar a otros relatos, aquellos que forman parte de la sabiduría e idiosincracia populares.
(Ver nota: “LA NOTICIA EN RADIO. CUANDO TODO PASA Y NADA QUEDA”).

4) Que la ficción tenga más lugar en las grillas de programación.
(Ver nota: “¿PARA QUE LA FICCION EN RADIO?”)

5) Al decir de Carlos Ulanovsky: “Que la radio siga nacional y popular, gratuita y coloquial, sensible y personal y tantas cosas más. Tiene 90 años y no fue a parar al geriátrico de los medios como muchos hubieran deseado”.
(Ver nota: “HABLAN LOS QUE SIGUEN HACIENDO HISTORIA”)

6) Que sigamos preguntándonos por qué y para qué la radio. Y le demos sentido a cada palabra, a cada música, a cada sonido, a cada silencio.
(Ver nota: “¿POR QUÉ LA RADIO?”)

Por esa magia intrínseca, instantánea, de la radio que hace que un sonido pueda disparar un mundo en el que escucha, es que la radio –está comprobado- puede cambiar el mundo.

Gracias a todos los que han colaborado en este año –y lo siguen haciendo- con esta iniciativa.

Feliz 2011.

Narrativa Radial.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

"Lo obvio se hace tan presente que terminas escuchando un solo programa en todo el dial"

Entrevista a Martín Jáuregui.

Con “El madrugador”, se enfrenta todos los días al desafío de hacer radio desde la calle para oyentes que también son protagonistas del ciclo. En una charla sin desperdicio, este radialista habla de sus desayunos con la audiencia, la falta de creatividad en las emisoras y la importancia de los productores con ideas. Todo eso, y más, en boca de un hombre que pone la voz cuando la ciudad duerme.

Por Mariano E. Pagnucco.

La noche va mutando de intensidad hasta que se prueba las ropas del nuevo día. En ese devenir silencioso, mientras la ciudad se toma un respiro, la noche es el refugio de los solitarios. ¿Pero acaso es el silencio la cortina musical de la madrugada o será que los ecos de las calles despobladas son imperceptibles para los desprevenidos? Frente a eso, hay una certeza: en las horas que anteceden al sol, la radio aparece como la dama de compañía más fiel. ¿Cuáles son, entonces, los sonidos de la madrugada? “Es un pájaro que le contesta a un bondi que pasa lejos, con un perro que no entiende nada, que está encerrado. Un tipo que le murmulla algo a la almohada mientras apaga la radio porque ya se viene el día y se tiene que ir a trabajar. Una cortina donde aparece la temperatura y la hora. La puerta de un taxi que se cierra, fuerte, y resuena en el medio de una calle. El silencio más absoluto en el medio del bosque de Palermo. Un cura que se levanta, un hospital con ruido a guardia.” Tal definición sólo le cabe a un oyente avezado ó a un madrugador empedernido. Martín Jáuregui es ambas cosas a la vez. Tiene 46 años, es documentalista, viajero, cartógrafo aficionado, narrador, padre de familia, conductor y amante –o viceversa– de la radio. Hace dos años conduce El madrugador, por Radio del Plata, de lunes a viernes, entre las 4 y las 6 de la mañana.

“Yo soy un mero puente, trato de aparecer siempre como el mediador, el que coordina los hilos de esa situación de la radio a la madrugada. Es un programa de radio hecho por un conductor, producción, un chofer y un montón de gente que está del otro lado”.

Me parece que en estas definiciones está plasmada la simpleza y, a la vez, la complejidad de la radio.
Claro. Simpleza porque la radio va, vos la prendés y va. Todo lo que pase en el medio, entre el oyente y vos, es un fenómeno físico donde el parlante se agita y te escuchan a través del micrófono. Hoy a la mañana le mostré, por radio, las fotos de una cabalgata que hice a un amigo al que habitualmente voy a visitar. ¿Cómo hago eso? Un maestro, Juan Alberto Badía, me enseñó que vos tenés que contar todo, entonces decís “esta foto en la que estoy a caballo, un poco mal aspectado porque tenía sueño, con un caballo bayo y mi campera roja que resalta en la foto… bla, bla, bla”. Ahí es donde aparece la complejidad del lenguaje radial. No porque sea difícil sino porque es complejo, algo que necesita estructurarse, articularse, tener un lenguaje y un código con quien te escucha. Si yo digo, por ejemplo, “estaba muy mal la tempa”, los que escuchan El madrugador saben que la tempa es la temperatura. Ahí radica la complejidad del lenguaje, que se edifica a partir de que uno se comunica con un oyente. Pero por otro lado, es de una sencillez pasmosa: un tipo hablando por un micrófono y el otro escuchando. Eso es mágico.

También ocurre que el oyente de la madregada se conecta de una manera especial con la radio.
Porque no tiene otra cosa que hacer que escuchar radio. Muchas veces la radio es la compañía de otra actividad: está el vigilador, el enfermero, el que cuida a un enfermo, los que estudian, los colectiveros, los taxistas, los camioneros, los basureros… Esa fauna particular, amorosa, es la que hace el programa conmigo.

Y vos los involucrás, no son simples oyentes.
¡Yo me meto en las casas de los oyentes! Es un fenómeno que nunca ocurrió en la radio. Si bien Julio Lagos hacía Despierto y por la calle, nunca se metió en la casa de la gente a entregar un premio. Lo digo con todo el respeto y el cariño que tengo por Julio, que es el pionero, el que comenzó con esta idea y la hizo muy bien con su estilo. De personas como él se aprende todo el tiempo. Pero meterse en la casa de la gente y hablar de bueyes perdidos, creo que soy el único.

El vínculo que generás con los oyentes es muy cercano, hay una mística compartida.
Yo creo que es la confianza que me tienen los oyentes porque se la transmito a través del micrófono. Si yo escuchara a Jáuregui del otro lado, no sé si le abriría la puerta. Por eso lo agradezco, es un acto de amor muy grande de la gente, no tienen porqué abrirme la puerta de sus casas. Muchos me atienden en el porche; en estos dos años he conocido todos los porches, halls y patios de la Capital Federal. Y también muchas casas, y he desayunado con la gente. Si hay un acto íntimo en la familia, es el desayuno, porque ahí se planifica el día que comienza, y resulta que está Jáuregui, que es un señor que habla por radio. Es importante para mí hacer un programa que tiene ese porte, esa cosa.

¿Hay historias de las que conocés a diario que te trascienden y con las que te terminás involucrando?
Y… sí, la gente que está en la calle. Hay mucha gente en situación de calle que uno ve todos los días. O esas historias notables de personajes que están vivos detrás de un sueño en la madrugada, y por ahí están trabajando o creando. Son tipos, tipas, varones y mujeres, argentinos y argentinas que están ahí con una ilusión y están trabajando por esa ilusión. En esa ilusión, sueñan, y están de madrugada despiertos con un insomnio de ese momento. Eso me hace emocionar hasta las lágrimas, ver gente que aún cree: primero, en su capacidad, lo cual es extraordinario; y después, en un país que le da una chance.

EL DIAL ENTRE CABEZAS VOLADORAS Y OBVIEDADES.

Jáuregui vuelca en sus recorridas nocturnas el aprendizaje radiofónico de más de una década al lado de su “maestro”, Badía, con quien ahora comparte la pantalla televisiva en Estudio País Bicentenario; también está presente su formación como documentalista, que le permitió formar parte del recordado ciclo Historias de la Argentina secreta; y, antes que nada, su pasión por la radio. Esa pasión hace que cada programa sea una búsqueda para él, pero también le permite pensar la radio, analizarla y atacar a los que la maquillan sin encontrar, en lo profundo, la auténtica belleza que tiene a sus 90 años.

Hay un hecho paradójico que también forma parte de la magia del medio: vos, que has recorrido muchos kilómetros porque te gusta viajar, tenés la posibilidad de hacer viajar a la gente con sólo hablarle al micrófono parado en una esquina.
Es un concepto que yo inventé: cabeza voladora. Es cuando la cabeza se te desprende del cuerpo, literalmente, y va a otro lado. Vos podés estar acostado con tu cabeza física pegada –porque si no te morís–, pero tu cabeza voladora está viajando. ¿Y sabés qué? Pueden viajar todos; no hay ciegos, rengos, paralíticos, hombres, mujeres, niños o niñas. La cabeza voladora va, y como va hace que vos estés donde quieras.

¿Cuál es el programa que soñás hacer?
Me gustaría tener un programa a la tarde, pero no la vuelta; de 14 a 17, por ejemplo. ¿Por qué? Porque hay un montón de cosas para hacer de 14 a 17. Primero, porque la mañana se la morfó la gente que habla de Lilita Carrió… horrible, ése es otro desafío. El día que en este país a algún productor de radio con dinero se le ocurra hacer un programa a la mañana que no levante la agenda de los diarios, se va llenar de plata, porque la gente lo va a escuchar. Vos hacés zapping por la radio de 9 a 12 del mediodía y todos hablan de lo mismo, de lo que salió en la tapa de Clarín, de La Nación, de Crónica. (Se va enojando.) ¡Es una mierda! ¿Desde cuándo la radio, que es autónoma, tiene que seguir la agenda de un diario? Es una mierda porque lo que hacen es seguir el estilo informativo de las cadenas y de los grupos que tienen la información en sus manos.

¿No se termina de explotar en su totalidad el lenguaje de la radio y sus posibilidades?
Claro, es como un niño al que vos le enseñás 600 palabras para que empiece a hablar, pero le decís “sólo podés usar 100”. Que la radio tome la información de un medio gráfico que salió cuatro horas antes y que ya está viejo cuando va a la calle, es una ridiculez. Pero es un muy cómodo para los productores que no mueven el orto de la silla y te contestan cosas como “hoy no podemos hacer tal cosa porque no hay internet”. Yo lo escuché y le contesté “vos sos un hijo de puta, porque cuando yo trabajaba no había internet, había teléfono y diario”. Me pongo así porque amo la radio. Y repito: el día que un productor con dinero se dé cuenta que a la mañana ponés un radioteatro y dejás que la información sea solamente el informativo, cada media hora, y de 9 a 13 vos tenés segmentos como, por ejemplo, la media hora de Los Beatles, esa radio gana. ¡La gente está podrida de que le lean el diario por radio! Pero nadie se anima a decírselo a los dueños de las radios, porque los tipos están pensando en otra cosa. ¿Se habrán acabado las ideas? Yo creo que no.
El productor –aparte de que en algunos casos no le da la cabeza– es víctima del trabajo mal pago que tiene y debe recurrir a lo primero que tiene a mano para sacarse de encima una situación que lo apremia. Ahí es cuando yo me pongo del lado del productor y digo “es una mierda”. Le pagan mal, gana cinco, le exigen por mil y tiene cero recursos… ¿quién puede trabajar bien en esas condiciones? Seamos honestos, esto pasa muy seguido en la radio. Entonces caés en el recurso del conductor, el conductor sabe todo. Todo el mundo dice “vamos por lo obvio”, nosotros decimos “vamos por lo otro”. Lo obvio se hace tan presente que terminás escuchando un solo programa en todo el dial.

Las inquietudes del madrugador son tan amplias que la entrevista discurre por carriles diversos, aunque esos caminos siempre conducen a la radio, como si todos los planetas de la constelación Jáuregui orbitaran en torno a la misma estrella guía. De pronto, la figura de él se asemeja a la de un astronauta que sale a enfrentar a cada momento el misterio de un universo que espera ser explorado: la noche porteña, con sus historias, sus fantasmas y su gente. Entonces, la pregunta cae de madura.

En un punto, tu trabajo es como el del artista que siempre tiene la hoja en blanco adelante. Vos salís a la calle sin una rutina, a encontrarte con lo que surja. ¿Te da miedo pensar que no va a pasar nada o tenés la certeza de que siempre va a pasar algo?
Siempre aparece algo… es más, he roto guiones en la mitad de la mañana porque era mejor lo que estaba pasando que lo que había pensado. No tengo terror al vacío, no me pasa nada con eso. Es un desafío lindo. ¿La madrugada qué es? La luz del día que empieza a aparecer, y la luz es blanca. Bueno, la hoja en blanco es fascinante, es mi materia. A partir de eso, todo, no hay límites. Lo mío es una hoja en blanco eterna.

¿Quién se siente representado por la radio?

Preguntas y reflexiones sobre el rol de la radio como medio por donde pasa la vida.

Por Marcelo Cotton


En estos tiempos, los medios representan nuestras vidas y nuestras vidas son representadas por los medios. Vivimos la realidad a través de una pantalla, un titular de un periódico o un “último momento” en la radio. Las representaciones de la realidad ordenen –o desordenan- la vida cotidiana. Por eso cabe preguntarse si en esas representaciones estamos realmente representados.

La radio (su lenguaje) impone –como cualquier otro medio de representación- sus propias reglas, representa una realidad con sonidos, música y palabras. La radio es la banda sonora de nuestros días. Como una película que proyecta una historia, la radio se convierte en esa pantalla por la cual pasa la “vida” que hay más allá de nosotros, incesantemente, mientras la escuchamos.

Pero en esta radio plagada de actualidad, primicias -informativas y musicales- y especulaciones sobre nuevas primicias, la realidad se ha convertido en un torrente espeso, una representación de nuestro lado más agresivo y acuciante. Aunque no todo el tiempo ni en todos los casos. Cuando uno enciende la radio y mueve el dial, busca una representación –en el mejor de los casos, busca sentirse representado- y, como en cualquier historia es más interesante cuando, de algún modo, ésta nos hace sentir parte. Y, aunque el dial explote de distintas frecuencias, muchas veces nos encontramos con una sola obra, una sola, donde, en distintas versiones, se representa un día tras otro, la tragedia de la “realidad”. Esa de los tiranos que gobiernan un país o, en su versión reversa, la de los tiranos que no dejan gobernar. Los “buenos” contra los “malos” es un argumento que ha caído en desgracia, por fortuna, pero aún no en la radio y lo más desdichado aún, es que ambos, los que luchan por el bien y/o el mal –si es que podemos ubicarlos en dos bandos opuestos- son los representantes del poder, y no, como en las clásicas historias de héroes, el hombre común contra el poderoso. Porque, aunque el éter se pueble de voces de oyentes, los que el conductor suele llamar “la gente común”, éstos no son más que espectadores de la farsa, rara vez protagonistas.

Pero no se alarme. Si usted quiere formar parte de la historia y ser visible en los medios masivos de comunicación, puede serlo. La única e indispensable condición es que debe producir un impacto noticioso.

No es casual ni forma parte de una “moda” que las protestas adopten el modo de corte de rutas y avenidas, o de “tomas” de instituciones. En esta representación de la “realidad” la protesta pacífica es invisible. El cuadro de representación no excede los límites del impacto noticioso.

Cuando se habla de nuevas leyes que produzcan una apertura respecto de los detentores del poder mediático, en el meollo de la cuestión de lo que se trata es de de producir nuevos modos de representación. Cuando se insiste con la necesidad de que haya “nuevas voces”, no se pretende que sean más voces que representen lo mismo, sino nuevos relatos que representen más y diversas voces.

Si en el cine existen las historias de amor adolescente, las de terror, las de fantasía, las de detectives, las de presos políticos… ¿en la radio podremos encontrar una diversidad que la haga realmente representativa?

En este momento hay una mujer que asume que es homosexual frente a su padre. Hay una madre que da a luz a un niño en la selva misionera. Hay un grupo de trabajadores mineros que soportan enfermedades derivadas de la explotación a la que son expuestos. Hay un automóvil avanzando cuando el semáforo está en rojo y un anciano a punto de cruzar. Hay un hombre en situación de calle esperando que cierre el restaurant para atacar las sobras. Hay un funcionario municipal recibiendo una donación de un empresario hotelero. Hay una danza primitiva para alabar al sol. Hay una especie animal menos. Hay una caricia en un rostro de alguien que lo necesitaba…

Hay tanto para contar y hay tantas representaciones posibles que la radio puede y debe explorar. Sería un atentado a la cultura (la de todos, no la de las elites) que lo ignore en función de su única representación de la realidad que empieza y no termina cada día desde aquel tiempo en que la TV le arrebató la ficción.

Como demuestra la historia (y las fuerzas de la naturaleza), mientras en la superficie se tejen los hilos del presente inmediato, en los subterfugios se gestan nuevos códigos, nuevas representaciones, nuevos aires. Eso es lo que está sucediendo. Habrá que poner a punto el olfato para acariciar el nuevo aire, y saber respirarlo. Para poder representar al barrio, al pueblo, al vecino, a la enfermera, al albañil, a la comunidad.

viernes, 3 de septiembre de 2010

EL MANIFIESTO PESOA.

Por Quique Pesoa

Tiene razón el Bigote Acosta: tecnológicamente, los medios se han desarrollado a una velocidad vertiginosa. No así el mensaje, que está para atrás en cuanto a su contenido. Los periodistas y comunicadores somos cada vez más berretas y vacíos y, lo que es peor, somos pocos los que nos damos cuenta. El resto ha naturalizado esta situación. Encima desconocemos absolutamente las nuevas herramientas. Ni contenido, ni continente. Ni fondo, ni figura. Y hace noventa años que venimos haciendo radio. Esto, sin duda, es otra derrota.

Tuve la suerte de conocer a Fidel. Me/nos dijo que el sistema está hipertrofiado y hay que buscar las grietas que tiene para colarnos como ratones.

Estoy en San Marcos Sierras desde hace seis años. A 150 km al NO de Córdoba capital. Tengo una hostería, La Merced, que recomiendo. Armé aquí un estudio de audio y radio que me acompaña desde hace mucho tiempo. Incorporo todo el tiempo buenas tecnologías. Para el que entiende: Neumann, Manley VoxBox, Imacs, Pro Tools, etcétera.

Anécdota. Hace un tiempo ya, en un reportaje, el finado Guinzburg le pregunta a mi amigo Eduardo Aliverti qué haría si tuviese una radio. Contesta: “Lo repatriaría a Pesoa”. Usa, con buena intención, “repatriaría”. Claro, Pesoa se fue de la patria, sacó los pies del plato, se fue de Buenos Aires, está, como dijo el sabio Alexis Dolínades, “jugando al ermitaño”. Es decir, prácticamente es un nuevo desaparecido.

Contesto enojado: “En el interior también hay cosas que hacer, aunque la fama te sea esquiva, y queden lejos los martines fierros”. En una provincia feudalizada, con la pata de la Iglesia cuatrocientos años sobre la cabeza de la gente, el clientelismo político, la dependencia y el miedo... Ya lo creo que hay mucho por hacer.

Tengo una antena sobre la hostería, un transmisor M31 de apenas 40 watts que alcanza para que me escuche todo el valle y me odie parejo. ¿Por qué? Porque opino. Simplemente eso. Opino. Y aquí, la opinión, como concepto, no está bien vista. Hay mucho para intentar cambiar este estado de cosas. Para tratar de despertar el albedrío, que de por sí es libre. Falta pensamiento independiente, propio, personal.

Hace unos cuatro o cinco años llegó la banda ancha. Al principio la usaba como enlace con Radio Nacional Córdoba para hacer, desde mi casa, vía Internet, un programa semanal, El desconcierto del domingo, tres horas en un horario, de 11 a 14, por el que nadie se pelea ni discute. Sólo hace falta una compu común con un programita llamado Opticodec.

Un día llama un tipito de Firmat, Santa Fe, preguntando si podía bajar el programa y ponerlo al aire en su FM local. Preguntó cuánto costaba. Dije que nada. Que gracias por difundirlo. Hoy hay más de 110 emisoras que repiten El desconcierto en efeemes diseminadas por todo el país. No vivo de esto, no vendo publicidad. No es negocio y justamente eso es lo que lo mantiene a salvo de los Gollán, Vila, Manzano, Eurnekian y toda esa prole. Descubrí una grieta. La estoy usando. Sólo me preocupo por los contenidos. No es poca cosa.

LA RADIO: NOVENTA AÑOS DE PALABRAS Y SONIDOS DE LARGO ALCANCE.

Por Oscar Bosetti*

El 27 de agosto pasado, la Radiofonía nacional cumplió sus primeros noventa años. En ese zigzagueante recorrido -al igual que lo que pasa con la propia Historia Argentina- los parlantes radiofónicos hicieron públicos esas voces y esos sonidos que tanto encariñaron a la sociedad como la hundieron en los laberintos de sus propias encrucijadas. Así, las picardías costumbristas de la entrañable Marina Esther Traveso, o la atildada voz de Alberto Taquini informando sobre los avatares de la Segunda Gran Guerra, o las historias risueñas de La Revista Dislocada, o los susurros sexuados de una tal Betty Elizalde o de Nucha Amengual y las rimas pegadizas de algún reclame publicitario tuvieron que convivir con los marciales anuncios de un nuevo Golpe de Estado, los Comunicados de la Guerra de las Malvinas o los discursos de ajustes de recurrentes Ministros de Economía que la memoria quisiera olvidar.

En fin, en este sinuoso trayecto de nueve décadas no se puede hablar de una única, uniforme y homogénea Radio. Más preciso sería, entonces, dar cuenta de tantas Radios como momentos atravesamos y, aun así, para cada etapa habrá tantas Radios como intereses empresariales, políticos y mediáticos alcancemos a develar. Porque, a veces (muchas veces), como ocurría con los acusmáticos, las Radios son las sonoridades con las que se expresan ciertos grupos dominantes cuyas siluetas apenas podemos intuir en el enmarañado mapa de medios de nuestro país.

Partes del Aire

Las agujas de los monótonos relojes habían desequilibrado el perfecto ángulo recto de las nueve de la noche. Después fueron los pausados acordes musicales que introducían el Parsifal, aquel drama lírico elucubrado por el compositor alemán Richard Wagner (1813-1883). Un pequeño número de antenas de estoicos radioaficionados distribuido por la Ciudad Aldea apresó esa onda sonora, misteriosa y vermicular que durante casi tres horas se empeñó caprichosamente en difundir esa "audición llovida del cielo", como tituló el diario La Razón del día siguiente.

Desde aquella noche fundacional del 27 de agosto de 1920 impulsada por el entusiasmo de Enrique Telémaco Susini, Miguel Mujica, Luis Romero Carranza y César José Guerrico, han pasado noventa años y cientos de voces y sonidos han recorrido los inasibles surcos del éter radiofónico. Allí quedaron registrados los momentos de esporádicas alegrías o infinitas penurias que acompañaron la vida cotidiana de nuestra sociedad. Ahí se cruzan y conviven los personajes tiernos e irrepetibles de la gran Niní Marshall y la inconfundible máscara del candoroso “Felipe” de Luis Sandrini; la incuestionable ductilidad vocal de Pepe Iglesias, "El Zorro", y la ácida ironía de su tocayo Arias; los enfervorizados relatos de Luis María Sojit, Lalo Pelicciari o “El Gordo” José María Muñoz y las narraciones amables de los elegantes y atildados Fioravanti u Osvaldo Caffarelli en sus noches luminosas desde el Luna Park o -más acá en el tiempo- del multifacético Víctor Hugo Morales. Y, también perduran, las huellas dibujadas “en el aire” por Antonio Carrizo y Jorge “Cacho” Fontana, Héctor Larrea y Mario Pergolini, Elizabet Vernaci y Eduardo Aliverti, o Hugo Guerrero Marthineitz y Nora Perlé… En fin, de tantos y tantas que han habitado o aún moran en esos domicilios situados en una frecuencia del dial de la Amplitud Modulada o de la FM.

También allí están las historias impredecibles de Tarzán, Rey de la Selva para compartir la taza del café con leche humeante y las tostadas con manteca y dulce de leche y las sagas irrepetibles de un Poncho Negro invencible y fraternal o de un generoso Terry Atlas siempre dispuesto a cumplir con la arriesgada misión aérea que se le había encomendado y que él enfrentaba con coraje singular.

Para mas de una generación que primero vibró junto al aparato con formato de "capilla" o "catedral" y luego con la portátil "a transistores", la Radio es el medio inexorablemente asociado al discurrir de un universo compuesto por vocablos ríspidos o gentiles, extraños o familiares a fuerza de tanto sonar: "Mamarrachito mío", "Aquí Base Naval Puerto Belgrano", "Les habló el Amigo Invisible", "Deben ser los gorilas deben ser", "Informó: el boletín sintético de radio El Mundo", "He aquí las primeras noticias para este Boletín", "Venga del aire del sol /del vino de la cerveza...", "Sí amigos; ésta es la casa de los Pérez García", "Tu show nocturno exclusivo, Modart en la noche", "A partir de este momento las emisoras integrantes de la Cadena Nacional...", "... a las veinte y veinticinco...", "Cita de la juventud triunfadora". En fin, Mis Queridos Filipipones, Mis Estimados Escuchadores: "¡Ay Esmeralda! rascame la espalda...”

Un reinado incuestionable

Durante casi cuarenta años, la Radio urdió pacientemente las tramas de una identidad nacional y social que se organizó en base a palabras fugaces (pero destinadas a perdurar, por esa rara paradoja que envuelve a la Comunicación Radiofónica) y sonidos de largo alcance. Por ella, entonces, pasaron los momentos de destellante gloria del Tango y del Radioteatro, del Humor microfónico y del Deporte, de la música Folklórica y de la Información, del naciente Rock & Roll y las Charlas Pedagógicas. Eran los tiempos de la denominada Radio Espectáculo, ese período que se extendió entre 1932 y finales de los cincuenta, cuando en cada mente se diseñaron personales e intransferibles funciones teatrales solo vistas a través de las prolíficas miradas del imaginar.

Hasta que un día irrumpió un nuevo y engreído competidor: llegó la televisión y a la geografía familiar se incorporó el televisor. A partir de ese instante -ya estamos en los comienzos de los sesenta- la Radio tuvo que adecuarse a un tiempo que auguraba el inicio de un nuevo imperio avasallador y definitivo: el de la imagen. Sin embargo, resistió y pudo continuar su ciclo pese a los agoreros designios de quienes desalentaban su futuro o, directamente, decretaban su irremediable y pronta agonía.

Traspasados los umbrales de las nueve décadas de aquella emisión inaugural desde el teatro Coliseo de la Ciudad de Buenos Aires y del afanoso empeño de "Los Locos de la Azotea" para consumar ese hito, la Radio sigue conviviendo con todos nosotros pese a la contumaz acechanza de la vídeo-tele-cultura y de los sospechosos abrazos del omnipresente universo digital. En esa desapacible topografía, la radiofonía constituye un campo de referencias y evocaciones de imágenes, paisajes y acusticidades. Así, la Radio se hace imaginación con la voz, escenografía con la música, sonoridad con los efectos y sugerencias con el implacable silencio.

Cada componente del audio además de dar lo mejor de sí acompaña al resto de tales reflejos, creaciones e imaginaciones. Gracias a esta capacidad expresiva, la Radio hiperboliza la realidad. La sugerencia de la belleza de una persona instiga a la audiencia a que se proyecte su máximo ideal de hermosura y la representación acústica de una impar invasión marciana a la Tierra desata el pánico colectivo en una imborrable Noche de Brujas de 1938.

Sin imagen visual la Radio consigue crear su propia constelación de estrellas y perpetuarla. Aunque la voz se apague en las antenas persiste en la memoria colectiva o particular de cada uno, de cada una. Es el efecto de la cálida impregnación auditiva frente a la fría señal de lo visual.

Se dice con sólidos argumentos que los niños de las décadas en que no había TV preservan en su imaginario las voces de los locutores y actores de la época, reproducen las músicas que se imprimieron en sus recuerdos y repiten los nombres de sus astros preferidos. Se han quedado en algo más próximo y comunicativo formando parte de la vida íntima de cada oyente.

Al principio, se sabe, fue la palabra. No había escritura para transmitirla, pero sí expresión oral para pasarla de generación en generación, de comarca en comarca. Por eso, la Radio se une a la tradición oral, a lo primigenio, a lo más elemental (pero necesario) del ser humano. De ahí, por cierto, su penetración y arraigo. Y (¿por qué no?) su obstinada vigencia. ¿Acaso no es dable aventurar que habrá Radio mientras subsista el relato oral? ¿O que las radiofonías permanecerán incólumnes mientras el hombre no extravíe el verbo ni le ajenen el simple hecho de escuchar?

En tanto, los parlantes seguirán sonando y en este heterogéneo ecosistema de medios masivos que median, el relato radiofónico, por ejemplo, se seguirá enlazando con las narraciones tradicionales, convirtiendo a las transmisiones deportivas o a los programas informativos de la primera mañana en el romancero de nuestros días, en las coplas del ciego que cuentan los sucesos de esta implacable realidad cotidiana.

Pero… ¿solo con esto (con los relatos vibrantes enunciados desde un estadio de fútbol o con los Boletines Horarios inmiscuyéndose en los sinuosos repliegues de cada día) nos podemos conformar cuando nos ponemos a pensar en las narraciones que hoy se sobreviven en los parlantes? No tengo dudas: el poderoso potencial narrativo de la Radio sigue desafiando a la creatividad de los realizadores de este incitante Siglo XXI. Las respuestas no se pueden demorar.

En este trayecto de nueve décadas están encriptadas las claves o las cifras de esas otras tramas sonoras que serán parte de los nuevos aires que están por venir.

* Profesor Titular e Investigador de la Historia de la Radiofonía Argentina. Universidad de Buenos Aires, Universidad Nacional de Entre Ríos y Universidad Nacional de Quilmes. Fundador de FM UBA: 90.5, la Radio de la Universidad de Buenos Aires

viernes, 16 de julio de 2010

Los relatores, artistas de la ficción futbolera.

Desde las primeras transmisiones de la década de 1920 hasta nuestros días, un grupo de profesionales de la radio aprovecha la excusa de los partidos para llenar de pasión y dramatismo los oídos de los hinchas. En esta nota, un homenaje a los literatos del gol.

Por Mariano E. Pagnucco

Esos tipos son capaces de sobresaltarnos con una pequeña inflexión en la voz. El dramatismo de su tono puede ser el prólogo a la alegría desbordada, el llanto irremediable o incluso una discusión acalorada con los vecinos. Casi como un interruptor emocional, las palabras pesimistas de ellos son motivo de corazones aplastados, y sus gritos apasionados, la garantía de un fin de semana soleado más allá de la meteorología. El día que se escriba “El relato de fútbol considerado como una de las bellas artes radiofónicas”, los auténticos protagonistas serán ellos: los relatores, practicantes de un oficio a mitad de camino entre el periodismo deportivo y la literatura.

Hace algún tiempo, de la pluma de Alejandro Dolina nació Héctor Bandarelli, un personaje que pasó a la historia del barrio de Flores por transmitir partidos… inventados por él. Sobre el final de Relatores, el cuento que detalla las hazañas de Bandarelli, el narrador aconseja: “Los relatores de hoy tienen la posibilidad de seguir al maestro e intentar la ficción y la fantasía en sus narraciones. ¿Por qué depender de la actuación, muchas veces mediocre, de los futbolistas? ¿Por qué no crear con la voz jugadas más perfectas? ¿Por qué no dar nacimiento a deportistas nobles, diestros y mágicos que nos emocionen más que los reales?”

La osadía de esa propuesta fue llevada al extremo, también en un cuento, por H. Bustos Domecq. Con ese seudónimo apareció firmado Esse est percipi, una interpretación muy ingeniosa de las transmisiones deportivas que, en realidad, escribieron Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. En el cuento, el protagonista se extraña por la ausencia del estadio de River y va a consultar a un dirigente futbolero, quien le abre los ojos a una realidad desconocida por él: “No hay store ni cuadros ni partidos. Los estadios ya son demoliciones que se caen a pedazos. Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. La falsa excitación de los locutores ¿nunca lo llevó a maliciar que todo es patraña? El último partido de fútbol se jugó en esta capital el día 24 de junio del 37. Desde aquel preciso momento, el fútbol, al igual que la vasta gama de los deportes, es un género dramático, a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman.”

¿El fútbol como un género dramático a cargo de un solo hombre en una cabina? En una entrevista publicada en 2007 por el diario uruguayo El País, la periodista Ana Larravide le transmitió la inquietud a Víctor Hugo Morales, un referente indiscutido en el terreno del relato. “Me gusta –respondió el dueño del ta-ta-ta... gooolll–. En la cabina me siento un actor dramático, al pasar el relato por un tamiz donde lo histriónico desarrolla su papel.” Y ahondó más en su definición: “Yo tengo un apuntador, que es la realidad. Ella me dicta un guión. Lo que puedo hacer es trabajar con ella; jugar con ella. ¿Sabés? Alguna vez pensé en ser actor de radioteatros.”

La concepción de Víctor Hugo Morales sobre su labor no resulta ingenua, sobre todo si se tiene en cuenta que la Mona Lisa del museo de los relatos deportivos, tiene su sello. Aquella obra, improvisada el 22 de junio de 1986 en el Estadio Azteca de México, quedó grabada en los oídos y los corazones argentinos con una poesía oral inigualable: “Ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, y deja al tercero y va a tocar para Burruchaga… ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio!... ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta… y Goooooool... Gooooool... ¡Quiero llorar! ¡Dios santo! ¡Viva el fútbol! ¡Golazo! ¡Diego Maradona! Es para llorar, perdónenme... Maradona, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos... barrilete cósmico... ¿de que planeta viniste? Para dejar en el camino tanto inglés, para que el país sea un puño apretado, gritando por Argentina.... Argentina 2 - Inglaterra 0... Diegol, Diegol, Diego Armando Maradona... Gracias Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este... Argentina 2 - Inglaterra 0...”

Los otros uruguayos y el Gordo
A decir verdad, en los comienzos de las transmisiones futboleras el arte no estaba tan presente. Por caso, el hito fundacional data de 1924, cuando Horacio Martínez Seeber y Atilio Casime pusieron sus voces para comentar por LOR Radio Argentina las incidencias del partido que Argentina le ganó a Uruguay por 2 a 1. Esa emisión nada tenía que ver con la dinámica de las actuales, ya que apenas se describía lo que sucedía en la cancha, sin precisiones ni detallismo. Pero en 1935 iba a llegar al país el uruguayo que inició el camino que hasta hoy acapara su compatriota Víctor Hugo Morales con un estilo más ligado a la puesta en escena radial que a la simple transmisión de las jugadas: Eduardo Lalo Pelicciari, quien relató goles en Rivadavia, Stentor y Mitre. Pelicciari nunca perdía de vista que el relato debía tener ritmo más allá de lo que sucediera en el campo de juego. “Inventaba los partidos, los adornaba”, opinó alguna vez de él su comentarista en Radio Stentor.

La posta de Lalo la tomó en la década del ’40 otro uruguayo, Joaquín Carballo Serantes, aunque la historia de la radio lo recuerda como Fioravanti. Él fue otro revolucionario de las transmisiones de fútbol, inventor de las conexiones al instante para saber lo que sucedía en las otras canchas y el primero en ubicarse en una cabina en lo más alto del estadio. “Más que un relator, soy un narrador”, se definía a sí mismo quien hizo del lenguaje cuidado su característica distintiva. En su libro “Días de radio”, Carlos Ulanovsky enlaza los recuerdos de su niñez con la presencia del relator oriental flotando en el éter: “A la tarde era el momento del fútbol, con Fioravanti, a quien seguramente llamaban El Maestro porque por cada palabra que usaba tenía cinco sinónimos. Para explicar que los jugadores formaban una barrera, Fiora era capaz de decir: ‘Se agrupan, se juntan, se apiñan, se aglutinan, se abroquelan los jugadores’.”

Con la llegada de la televisión, el relato por radio tuvo que competir con la tiranía de la imagen. De ahí que los años ’60 fueran la consolidación de otra leyenda de las transmisiones futboleras: el Gordo José María Muñoz. Personaje controvertido de la radiofonía nacional, este porteño impuso en Radio Rivadavia, durante dos décadas, su innegable talento para la narración de los partidos. Con su relato apasionado, muchas veces desbordado por la emoción, “El relator de América” hacía vibrar a los oyentes. Jorge Cacho Fontana, su locutor comercial en los primeros tiempos, llegó a decir que “Muñoz es al periodismo deportivo y a la radio lo que Troilo es al tango”. Al menos fue así hasta la década del ’80. Es que el 22 de febrero de 1981, con el debut oficial de Víctor Hugo Morales en Mitre, la historia de los relatores radiales iba a sumar una página más a su antología de las grandes voces del gol.

Los hay con matices y vocabulario diferentes, más o menos formales, cercanos al radioteatro o a la antigua tradición de los juglares. Lo cierto es que esos tipos, practicantes de un oficio a mitad de camino entre el periodismo deportivo y la literatura, acuden a las más nobles estrategias del lenguaje para atrapar nuestra atención –y nuestras emociones– cada vez que rueda una pelota de fútbol. Se hacen llamar relatores.

El fútbol no es más que un relato.

Extracto de una entrevista realizada por Narrativa Radial a Juan Sasturain.

El fútbol no existe, existe el relato de fútbol. Durante mucho tiempo, el fútbol fue para mí un relato. Yo vi por primera vez un partido en vivo a los 18 años, cuando vine a Buenos Aires, en el año ’64. Hasta entonces, para mí Boca había sido una transmisión radial, el resultado de una narración. Yo era hincha de Boca pero no lo había visto jamás, sólo tenía referencia de las revistas que leía y los partidos que escuchaba porque no había otra forma.
Yo tenía 6 años y escuchaba los partidos con mi viejo. Tengo el recuerdo perfecto de Fioravanti, de Aróstegui, de Veiga, de Lalo Pelicciari. Veiga fue el primero que tuvo una transmisión partidaria, seguía la campaña de Boca. Él tenía una manera de relatar muy excesiva, muy exagerada, fue el primero que gritó el gol. Además, tenía un modo diferenciado de gritar los goles: los de Boca los gritaba con el alma y los de los rivales apenas los mencionaba. Pero el relato radial se modificó cuando apareció la tele. El Gordo Muñoz tuvo que competir con la televisión, por eso el detallismo y la calidad de sus transmisiones. Más allá de cualquier consideración ideológica, Muñoz inventó un montón de cosas, él contaba realmente lo que pasaba en la cancha.
Si uno escuchaba a Veiga, a Aróstegui o a Fioravanti, el relato era una descripción muy general de lo que pasaba, contaban las consecuencias más que los hechos. Como no había que competir con la imagen, el partido lo contaban, no lo relataban en detalle. Fioravanti tenía frases como “entrega la pelota a un compañero”, “saltan varios hombres” ó “se produce un amontonamiento de jugadores”. Aróstegui, por ejemplo, tenía un sinfín de frases hechas y mi viejo siempre decía que los partidos que transmitía él eran todos iguales. Las fórmulas eran tantas que yo me las acuerdo con exactitud: “El esférico sale del campo de juego, será el encargado de ponerlo otra vez en movimiento el jugador…”. En esa época, la narración podía ser más o menos apasionada, pero no era una cuestión de precisión, ni siquiera decían en qué lugar de la cancha estaba la pelota. Todo estaba dado por el tono, algunos hacían un relato romántico, otros más folletinesco; ahí aparecían los subgéneros de la narrativa.
Siempre el relato es una construcción verbal, una creación de mitologías. Además, cada partido de fútbol es una historia, más allá de que el resultado sea una cifra numérica. El desarrollo de cada partido es un suceso, y ese suceso es una historia, un cuento. Porque el fútbol, al cabo, no es más que un relato.

*Escritor y periodista. Acaba de publicar “La patria transpirada. Argentina en los mundiales” (Editorial Sudamericana).

lunes, 31 de mayo de 2010

“En la radio intentamos recuperar la mística que en la TV se pierde”

Entrevista con Marcelo Camaño, guionista y director de Secretos Argentinos.
Por Mariano Pagnucco

En un contexto artístico en el que los autores de ficción han perdido protagonismo debido a las nuevas reglas del mercado audiovisual argentino (el auge de las productoras, la comercialización de los contenidos al exterior, un star system más apoyado en las caras convocantes que en las buena ideas), el de Marcelo Camaño es uno de los nombres que ha logrado instalarse en el público. Su peregrinaje de más de veinte años en la industria del espectáculo lo tuvo dos veces en la foto junto al Martín Fierro de oro (por Montecristo, en 2007, y por Vidas Robadas, en 2009), pero es probable que el mérito mayor de este guionista rosarino se encuentre lejos de los flashes: en sus libros, Camaño logró entrelazar los ingredientes típicos de la ficción televisiva con temas candentes de la realidad social, como la desaparición de personas durante la dictadura o la trata de blancas en nuestros días.

Después de los reconocimientos y los aplausos, el año pasado tuvo un impasse en su relación con la TV y decidió meterse de lleno en el barro de la radio: pensó que al éter le faltaban historias y junto con la periodista Miriam Lewin acercaron un proyecto a Radio Nacional. El resultado de esa iniciativa hoy se llama Secretos Argentinos (AM 870, domingos de 12 a 13), un ciclo de radioficciones sobre hechos periodísticos recientes, desde el caso del odontólogo Ricardo Barreda hasta “el robo del siglo” al Banco Río. Renovar el encanto de los antiguos radioteatros y reflexionar sobre la identidad nacional son las premisas que guían a Camaño, quien también apuesta por la radio como espacio para la ficción.

Con el prestigio que vos tenés como autor de televisión, tomar la decisión de dar el salto a la radio admite tres posibilidades: un contrato grande, amor por la radio ó ganas de marcar un camino. ¿Cuál es tu caso?
Lamento informarte que por plata no es. Yo llego a la radio porque tengo ganas. Estoy en un momento en que puedo prescindir de que me paguen como me pagaría la tele para plantar algo que tiene que ser ya, ahora. Eso lo puedo hacer por la dirección que tiene Nacional en este momento. A lo mejor el año que viene cambian las autoridades y me rajan porque no les interesa, y después, con el nuevo gobierno, llega una idea más conservadora sobre los medios públicos. Cuando se abre una grieta, cuando aparece un lugar, hay que ocuparlo, es prepotencia del trabajo. Yo no me fijé cuánto me pagaban; por supuesto que quiero que me paguen bien, pero no es el caso. Y no llego resentido con la televisión, porque estoy haciendo y haré tele. Algunos colegas están más preocupados quizás por su discapacidad emocional y quieren salir a hacer cosas afuera para tener solamente plata, después no importa lo que hacen afuera, muchos hacen porquerías que acá no quieren hacer. Eso no es lo que a mí me distingue, yo me metí en un quilombo, fui a la radio, voy todas las semanas a grabar al microcentro, con un tránsito infernal, y estoy feliz. Peor es hacer un laburo degradante porque no te queda otra. Yo tuve la fortuna de poder hacer esto y lo hice cuando pensé que podía dirigir, aunque sea así.

¿Cómo surgió la posibilidad de hacer Secretos Argentinos?
El año pasado yo estaba en Telefe y no avanzaba la idea de una producción determinada para la noche, que era lo que teníamos que hacer. Hubo diversos motivos: presupuestarios, la famosa crisis, los contratos de los actores. La verdad, me mantuvieron ocupado con unos especiales que finalmente no van a salir al aire. Entonces tuve un espacio y un momento, y pensé “por qué no volver a algo que yo pueda manejar desde una punta hasta la otra”. Y era la radio, porque de alguna forma era más sencillo, más fácil. Yo podía hacer la producción, convocar a los actores, a los autores, organizar todo y que todo saliera bien. Era lo que necesitaba, volver a algo artesanal, trabajar porque nos gusta, además de porque nos pagan, intentar recuperar un poco la mística, que a veces en la tele se pierde. No estoy peleado con la tele, pero fue un año bisagra. Si la radio se interesaba, yo quería armar un polo de trabajo, aunque fuera mínimo, para generar cosas desde ahí.

¿A qué te referís cuando hablás de lo artesanal?
La realidad es que en televisión está muy manipulado el lugar del autor. Todos entendemos que tiene que haber equipos de trabajo, pero en esos equipos tiene que haber una línea de jerarquía, porque no todos podemos hacer todo. Entonces me parece que nosotros, los que tenemos alguna trayectoria o algún laburo más reconocido, debemos marcar un camino. No digo hacer escuela, pero enseñarle a la gente a trabajar, cómo avanzar, que sepas cuándo estás preparado para ser cabeza de equipo.

Después de tantos años de escribir para televisión, ¿te costó adaptarte al lenguaje de la radio?
Lo que a mí me preocupó de entrada es la noción de montaje en la radio, tener muy en claro que no tiene que ser tedioso, lento; todo el tiempo tiene que haber cambio de escenarios, de personajes. Puede haber un hilo conductor o un narrador presente en todo momento, sea externo o un personaje, pero a mí me gusta mucho laburar las diferencias, por eso cambiamos los géneros. Banco Río lo hicimos en tono de comedia, pero Barreda no se podía hacer en comedia. Nos gusta romper eso y ver, de acuerdo al material que hay, cuál es el género que mejor le queda a la historia para que nosotros hagamos un trabajo divertido. Si nosotros nos divertimos con lo que estamos construyendo, el público se va a divertir, o se va a emocionar o va a sentir miedo de Barreda. Me parece que desde el montaje, y siguiendo el criterio con el que hacemos televisión (ritmo ágil, escenas breves), la radio se banca la idea de las ficciones cortas si es que las vas hilando de manera que el oyente no se pierda. Ahí ayuda mucho la posproducción, porque los chicos que se encargan de eso superan mi nivel de imaginación todo el tiempo. Muchas veces encuentran detalles que son geniales, que enriquecen el libro.

¿Cómo se armó la dupla de trabajo con Miriam Lewin?
Con Miriam siempre tuvimos la idea de trabajar juntos, de hacer ficción a partir de las investigaciones de ella, que son varias y buenas, pero estábamos en empresas distintas. Cuando ella se hizo cargo del equipo de investigación de Radio Nacional, me dijo “¿y si pensamos algo para la radio?”. Yo no creía que les fuera a interesar, porque a ninguna radio le interesa la ficción, los gerentes salen corriendo, no te dan bola, no te escuchan. A Miriam le pareció que María Seoane podía estar interesada, fui a hablar y no me dejaron salir del despacho, lo tomaron inmediatamente. El gran problema que me presentaban era que tenían un presupuesto muy chico, querían saber si yo me podía arreglar con eso y me estoy arreglando con eso. La verdad, estoy muy contento porque la predisposición del personal de la radio es total, tomaron el proyecto como propio y trabajan muy bien. Al principio me costó pensar el horario de la ficción para un domingo al mediodía, pero con el combo de Víctor Hugo antes y Felipe Pigna después, a la radio le servía mucho y yo me sentía contenido. No tengo más que agradecimientos, ya que nadie me molesta, nadie me pregunta qué temas voy a tocar ni a quién voy a molestar o no. Además, todo cuadra con una mirada que yo tengo sobre con cómo se están manejando en este momento los medios públicos en el país. Radio 10 esto no lo hace.

Para cualquier radio comercial es impensable un proyecto así.
Yo no sé si es tan impensable. Es impensable si lo enfocás desde los grandes costos, pero si hay un presupuesto acotado y vos te podés arreglar con un elenco fijo mínimo, con una plata sencilla… Porque los actores no se tienen que cambiar, no se tienen que maquillar, no tienen que estudiar. Tienen que leerlo, interpretarlo y se van a la casa. No puede llevar más de cuatro horas esto. Con una plata lógica por ese trabajo, las radios privadas lo pueden hacer. Hay que pensar un género o un estilo de programa que sirva.

Yo tengo la idea de que nadie quiere asumir el riesgo. El propio Dolina, con la trayectoria que tiene en la radio, siempre dice que el suyo es un programa poco atractivo para los auspiciantes. Y también están los gerentes de programación, que apuestan a lo seguro.
Bueno, hay muchos gerentes que vienen de la Ingeniería, la Mecánica, de cualquier rubro menos de la Comunicación o del mundo artístico en sí. Tal vez haya ignorancia, porque seguramente hay un par de gerentes dispuestos a escuchar una propuesta y entenderla, sólo que a ellos no se les ocurriría porque escapa a su imaginario. O porque un proyecto de ficción les huele a naftalina, y sin embargo se puede hacer algo muy moderno, no por nada han avanzado tanto los efectos sonoros. Gracias a la computadora yo puedo recrear hoy cualquier situación, porque los sonidos los tengo. Yo opté por este camino, me pareció que tenía que acercarle a la radio algo que pudiera interesarle, como son los casos periodísticos. Más adelante me gustaría hacer cosas mucho más ficcionales, desde adaptar literatura argentina hasta hacer ficción propia, ficción pensada para radio. No es tan loca esa posibilidad, hace falta voluntad. Gastan la misma plata en estupideces intrascendentes y en trivialidades, en locutores que no saben qué decir, en lectura de mensajes del público que manda saluditos, en enfatizar la trampa de los empleados que están en sus trabajos escuchando radio y mandando mensajes. Alguna vez podrían contribuir a mejorar la calidad de vida del oyente desde algún punto de vista. Si yo logro con nuestro programa que la gente se sienta tocada o emocionada por alguno de los temas, ya está, está logrado. Si además de entretener podemos aportar algo, buenísimo.

¿Cómo es tu vínculo con la radio desde el lugar de oyente?
Como oyente estaba en crisis hasta que empecé a escuchar Nacional y me di cuenta que me representaba esa programación. Lo único que escuchaba era la radio pública y la radio de las Madres. No puedo escuchar… en el auto por ahí escucho Rock & Pop, un día me cago de risa con algo totalmente insolente de la “Negra” Vernaci y dos días después lo mismo me produce repulsión y prefiero escuchar otra cosa. No soporto lo que se hace en las FM, me parece que es un lugar que está absolutamente desperdiciado por la trivialidad y con un poquito de contenidos estaría buenísimo. Y las radios comerciales… a la mañana, si vos querés saber cómo está el tránsito, el estado del tiempo o qué dijo el ministro, si lo encontrás, avisame. Yo no lo soporto, las radios a las que mejor les va de rating a mí no me colman. Por supuesto que todas tienen su perla, hay cosas de Radio 10 que están muy bien, lo mismo en Del Plata, en Continental o donde busques, pero yo prefiero los informativos de Nacional. Y la programación de los sábados es un golpe a la mandíbula, a la mañana tenés programas buenísimos: está Radio Barcelona, después Ulanovsky… algo vas a sacar. Yo no soy un oyente pasivo, mientras escucho la radio estoy haciendo de todo, incluso trabajando. Así se dio mi contacto con el medio, porque yo era más de tener la televisión prendida. Cuando me di cuenta que la tele era imposible, porque se había convertido en un monoblock con el mismo tipo de información y de opinión, me fui a la radio.

Enlace: http://www.narrativaradial.com/notas_ver.php?IDNI=61&titulo=%A0

El acto de crear y aprender en la radio.

Por Carlos Rafael Diéguez (Comunicador cubano)

La radio es arte, no necesita discutirse porque cumple los mismos principios de la realización cinematográfica desde la idea, guión, locaciones, montaje, edición hasta puesta en escena. El público que ve una película también oye radio, crea imágenes, las asimila y decodifica de acuerdo a sus gustos y referencias, de manera que la diferencia entre el séptimo arte y la radiodifusión no es mucha, solo se localiza en la forma de hacer y el soporte, pero el efecto es el mismo.

El acto creativo en la radio comienza con el proceso de auto motivación, posiblemente el paso más difícil porque se trata del inicio, embrión de la idea que hay que convertir en producto comunicacional. En este punto se pone en juego la capacidad energizante individual que cada uno lleva dentro y con certeza la llamamos “la bomba” porque ese deseo de inspiración al desprenderse del corazón, tiene un efecto atomizante.

Hacer radio necesita de ideas originales que sorprendan primero al autor, en los momentos, ante y durante de “bajar la musa” donde prevalezca el estilo de realización, el propósito, sentido y formas de ser del creador, porque el programa de radio es reflejo de la conducta y del carácter del artista.

La capacidad de auto motivación del creativo radial conduce al equilibrio entre el éxito y la calidad del programa. El resultado de la obra es esencialmente intrínseco, proviene del interior, de lo más hondo del artista: sus sentimientos. Es vital asumir una actitud positiva a la hora de confeccionar un libreto, una nota, hacer un reportaje, redactar una crónica, una noticia o pequeño mensaje porque en la motivación, sean cuales sean las circunstancias para el autor, tendrá éxito seguro en el público perceptor.

Un realizador de radio auto motivado, aprende a crear su potencial de ideas, a utilizarlo, pensar en positivo, sentir su fuerza interna y actuar con eficacia. Cuando se asume un proyecto creativo -cada programa radial lo es- no debe faltar la armonía entre textos y recursos de efectos que embellezcan los contenidos. Sensibilidad y buen gusto del autor repercuten en la sintonía del oyente.

Los que laboramos en el medio radial nos pasamos casi todo el tiempo hablando de nuestro trabajo, sentimos una necesidad interior de mejorar. Como todo no está inventado en la radio hay que desterrar la costumbre de huir de la crítica echando la culpa a cualquiera o a todo el mundo, menos a nosotros mismos.

Toda obra humana es perfectible al error, enmendarla es de sabio. Se aprende todos los días algo nuevo, no importan los años ejerciendo la profesión. La radio es una escuela y debemos establecer una cultura de transformación y modificar nuestra conducta, no porque nos digan que debemos cambiar, ni porque la emisora en la que trabajamos nos envíe a un curso. Las mejores enseñanzas se logran en los propios estudios de las emisoras, “chocando con la verdad” desprendida del calor de las máquinas y la elegancia de los sonidos.

El mejor aprendizaje nace en la auto preparación. Hacer radio exige de un estudio constante de los realizadores en aras de la coherencia entre teoría y acción. Leer mucho y diversos textos tonifica la cultura creativa del profesional de la radio.

Enlace: http://www.narrativaradial.com/notas_ver.php?IDNI=59&titulo=%A0

martes, 6 de abril de 2010

EL ARTE DE COMBINAR LOS SONIDOS.

La utilización de la música en la radio.

Por Marcelo Cotton.


¿Para qué sirve la música en un relato de radio?
Algunos desprevenidos apuntarán que la música se usa como “cortina” o “fondo” para dar “ritmo” a las palabras de algún locutor o conductor. Sin embargo, la llamada “cortina musical” tiene apenas un mínimo potencial en relación al enorme potencial de la música en el medio radial y, en muchos casos, sólo sirve como red de rescate ante la falta de palabras claras o para evitar que el silencio las refuerce y las deje al desnudo.

La música narra, cuenta. Nos sumerge en distintos universos, expresa y genera sentimientos y sensaciones.
Basta con escuchar la música del informativo para predisponernos a “saber lo que pasa en el mundo”. Basta con escuchar una música melancólica para tentarnos a sacar nuestra propia melancolía así como cualquier otro sentimiento inherente.
La música -o su falta- nos proporciona como oyentes predisposiciones sentimentales y sensoriales.
Ahora bien, la música se graba en nuestra mente y se identifica con recuerdos e imágenes. Lo que a una persona le genera una misma canción no será lo mismo que a otra. A alguien, determinado tema musical le hará recordar un verano. A otro, le recordará cuando esa canción sonaba en el tocadiscos de su padre. Esto pasa con las canciones conocidas, nos trasladan a momentos grabados en nuestra memoria, como si esos momentos tuvieran su propia banda sonora de la película de nuestras particulares vidas.
Sin embargo, la música en un relato tiene el gran poder de transformarse, de resignificarse en función de su combinación con la palabra, con los sonidos y los silencios. De volverse parte de un todo sonoro, nuevo y original, que es cada relato radial.

La música va directo al corazón de los oyentes, también al vientre, a las tripas, a las piernas, a los pies o a los pulmones. Se introduce por los poros de la piel y nos penetra, el cuerpo es su sostén y su impulsor.
He aquí, por tanto, que la música es una de las herramientas más poderosas de manipulación sensorial en la radio -y también en la televisión-. Ya que va directo al cuerpo de los oyentes, sin pasar por la racionalidad, puede generar todo tipo de sentimientos y sensaciones adversas. Por ejemplo, una información sobre una manifestación popular sobre una música de terror plantearía subliminalmente la sensación de peligro sobre la misma.
La palabra puede estar relatando algo y la música puede generar al mismo tiempo todo un mundo de sensaciones que automáticamente el oyente sobreimprimirá sobre el texto. Pero así como es una herramienta poderosa para generar sentimientos y sensaciones adversas, también lo es para lo contrario. Cualquier relato, ya sea de la realidad o de la ficción, puede obtener, por medio de la música sabiamente situada, un vuelo poético, una belleza única.
Imaginemos un informativo con música de Bach. Imaginemos un análisis político con música de salsa. O una crónica de un crimen pasional con música de bolero. Y confirmaremos el rol narrador de la música y su influencia en el mensaje.

La radio es un medio sensorial antes que racional. Por lo tanto, quienes hacen radio y saben del poder de la música en ésta y la usan sabia e intuitivamente, se convierten en artistas de radio, cuyo lenguaje se podría definir sin temor a equivocarnos como el arte de combinar los sonidos.