martes, 7 de julio de 2009

Hay un fusilado que vive

El relato de Rodolfo Walsh se entremezcla en la trama sonora y recrea la matanza del ´56. Un fusilamiento, una escena de terror, sobrevientes, un periodista para contarlo y una pieza radiofónica para redimensionarlo.




Chau puto lindo

Por Sergio Cirigliano
I

Fenando se fue y sus criaturas se quedaron solas, mudas y desatendidas. Ya nadie les puede prestar una voz, un cuerpo. Palito volvió al barrio que lo maltrata con las trampas de crecer a un costado de la ciudad y fuma paco, y va cumbiando entre las piernas de la vida, pidiendo ayuda porque tanta soledad lo está matando. Roberto Flores se maquilló el cuerpo, se calzó un par de tacos y travistió su vida para siempre, ahora es ella y su verdadero nombre tiene perfume de mujer. Mario Modesto Sabino le puso un tachito al techo de su taxi, ya no quiere yirar mas por Buenos Aires, sólo matea, se traga un soliloquio y silba bajito un tango rengo, cansado y de otro tiempo. La Mega sigue con sus delirios megalomanos, tratando de tapar con tanto ruido las pocas nueces que guardó en su vida. Revoira Lynch ha decidido donar toda su fortuna y viajar a Katmandú. La divina y luminosa Milagritos desde hace días baila un bolero a solas con un cuerpo que ahora es aire y ayer se llamó Fernando. Baila una ausencia presente para siempre. Prometió, además subir a un avión; el destino lo desconocemos.

II
Fernando se fue, y quien escribe esta nota, que alguna vez fue vecino de estudio, y que compartió enojos, críticas, puteadas y también algún beso o abrazo cuando le tocó estar al frente de Radio Del Plata, se lamenta no haberle dado un beso a Milagros o decirle que ella era esa tía buena, loca y tan necesaria para seguir dibujando castillos en el aire. Y se lamenta también no haberle gritado a su creador: “Chau Puto Lindo”. Lo pidió desde siempre. Ahora es tarde. Pero es sabido que algunas veces somos egoístas (y no hay peor olvido del que mira su ombligo cuando estalla el mundo).

III
Fernando fue y será el último gran actor que tuvo la radio.
Un artista en todo lo ancho y largo de la expresión: errático en su humor, poético en su concepción de la existencia, visceral a la hora de discutirle a la vida sus falsos berretines. Gigantesco y plural frente a un micrófono, demoledor y maldito en el escenario.

IV
Fernando, uno de esos tipos que con solo 46 años se transformó en alma errante de este mundo, pero que nos deja con la sensación que se fue y dejó todo pago.
Sus criaturas del aire ahora están cada una de su mambo.
Pero a la deriva. Quizá también estén muy enojadas.
Dolerá crecer sin él -aunque convengamos que crecer es un proceso que debemos transitar con dolor-
Cada una de sus criaturas ya no volverán al aire, ahora son vecinos de cada uno de nosotros. Buscalos en tu barrio, a lo mejor los encontrás.

V
Fernando nos dejó mucho. Ese vacío que padecemos ahora es pasajero, pronto se llenará de los miles de Fernandos que se multiplicaban en la radio. Así son los artistas: nos alejan de la locura, le ponen el pecho a las balas y los dardos que lanzan las arnas más mediocres de la realidad. Ellos son alquimistas, transforman la mugre en un oro de imaginación, ideas y poesía. Un oro incalculable, un oro que no brilla y que sólo se puede ver cuando estamos vivos de verdad. Me guardo para el final un poema que garabateé para él:

¿A quién extraño más?
¿a Milagros o a vos?
¿quién me duele más del pecho para adentro?:
< ¿la radio o el sainete surrealista que se instaló en mi corazón? ¿se debe llorar la muerte o como dice el tano Ungaretti debemos pagarla viviendo? me quedo con esto y pago y no evado una puta deuda la vida es breve (pero intensa) chau, puto lindo (esta última joda no me gustó.)